Si se habla de los brackets dentales, lo cierto es que han tenido que andar un largo camino, desde aquellas imágenes que todos tenemos de la adolescencia, donde la boca estaba repleta de metal y la mano se cubría tapando con insistencia la sonrisa.
En la actualidad, estamos ante una opción que puede ser bastante controvertida, pero que se acepta cada vez más cuando se quiere disfrutar de una bonita sonrisa. Las fuentes del Consejo General de Dentistas en España estiman que un 25 % de los adultos de entre 35 y 45 años precisan de alguna clase de ortodoncia. En este sentido, los brackets compiten de forma directa con los alineadores invisibles, tales como los famosos Invisalign.
El motivo de todo esto es que los invisibles prometen gran discreción, tanto si son cerámicos como si son metálicos o linguales, destacando por su gran eficacia en casos de especial complejidad. La sociedad los ve ya no como un estigma juvenil; ahora es una elección a nivel personal que lo que hace es equilibrar funcionalidad y estética, aunque hay debates abiertos sobre temas como la vanidad, accesibilidad o la presión a nivel social.
El paso de la adolescencia en metal a la normalidad en la época adulta
No hay que remontarse demasiado, puesto que hasta hace unos veinte años. El llevar aparato era casi sinónimo de estar en el instituto. Todos recordamos esos chicos que tenían aparatos color plata, llagas en sus mejillas y tenían prohibido masticar chicle o manzanas enteras.
Para la sociedad, los aparatos eran algo temporal; se podría hacer que fuera un rito de paso que uno superaba con alivio cuando se los quitaba. Todo esto lo podíamos ver en las fotos de la comunión o en las graduaciones en las que querían capturar dicha etapa con sonrisas forzadas y donde el bullying no era algo complicado de ver.
Todo este panorama cambió de manera radical con la pandemia, puesto que, como nos recuerdan desde la Clínica Dental Agora, el auge de las videollamadas y las redes sociales hizo que quedaran expuestas bocas que llevaban muchos años disimuladas. La demanda de la ortodoncia llegó a crecer del orden de un 40% en los adultos, como nos comentaban las clínicas especializadas. Ahora los brackets han llegado a la época adulta, puesto que un 36% de los tratamientos que se hacen son para los mayores de 30 años, en los que muchos optan por las versiones más estéticas.
Ahora, a nivel social, son percibidos como una señal de autocuidado con responsabilidad y no de inmadurez. La gente ya no se muere de vergüenza e incluso presumen de sus progresos.
Las clases de brackets
No existen los mismos brackets para todo el mundo. Existen los que son más clásicos, que son tradicionales y económicos, costando como mucho 3.500 euros por un tratamiento completo, lo que hace que sigan siendo eficaces. Son bastante pequeños y pueden corregir desde apiñamientos leves hasta mordidas más en profundidad. Las pegas más importantes las encontramos en su brillo, que delata que estamos ante un tratamiento a distancia.
Después tenemos a los estéticos de cerámica o zafiro, así como los translúcidos que se mimetizan con el esmalte y que hacen que se reduzca la visibilidad del orden de entre un 50% a un 70%. Son perfectos para los que quieran tener resultados sin tener que renunciar por completo a algo discreto.
El coste que tienen es mayor en un porcentaje que puede ser del orden de un 20 o 30%, pero merecen mucho la pena en los entornos más profesionales. Los que están autoligados sin gomas elásticas, lo que hacen es acelerar los procesos y facilitan la higiene.
En el caso de las demandas más exigentes, hay que tener en cuenta que los linguales se van a pegar por la propia cara interna dental, siendo invisibles en su totalidad, pero cuestan hasta 7000 euros y solo son aptos para odontólogos que tengan mucha experiencia, puesto que acostumbran a irritar la lengua en un primer momento. En nuestro país están asociados a famosos o ejecutivos, puesto que es una opción de lujo, pero práctica.
Las nuevas tecnologías avanzan
Ahora vivimos unos tiempos de grandes adelantos tecnológicos, donde hay escáneres de 3D con IA que se encargan de personalizar los brackets, de tal forma que predicen los movimientos con una precisión milimétrica y que acortan los tratamientos de 12 a 18 meses.
Existen también apps conectadas que nos avisan cuando un bracket se suelta o cuando hay que ajustar la dieta. Lo que ocurre es que la sociedad aplaude todas estas innovaciones que se producen. Hablamos de tecnología que está al servicio de la tradición, como dicen muchos pacientes.
Lucha entre Brackets vs. Alineadores invisibles
Existe un debate social importante entre invisalign y sus competidores. No olvidemos que las férulas transparentes removibles llegan a suponer un 60% de los tratamientos nuevos por contar con una estética impecable. Permiten comer normal, cepillarse sin problemas y no se padecen las clásicas llagas iniciales. Los precios suelen estar entre los 3.500 y los 5.500 euros. En las redes podemos ver cómo se venden como una sonrisa de película sin necesidad de esfuerzo.
Hemos podido ver cómo la sociedad los ha idealizado, puesto que son modernos, discretos e ideales para los influencers.
Los brackets sí que se puede decir que pierden en imagen inicial, puesto que los metálicos demandan tratamientos y los cerámicos se notan de cerca. A nivel clínico son igual de eficaces y, cuando hay malposiciones de gravedad, llegan a superar a los invisibles.
Las férulas exigen 22 horas diarias, en los brackets no hay excusas. A nivel social, es posible verlos como valientes o prácticos en médicos, deportistas o en los oficios manuales, y son poco modernos para redes sociales o a nivel de empresa.
Después de la mascarilla, la boca expuesta pasó a cambiarlo todo, ahora que la gente joven suele optar por los invisibles y los adultos que tienen complejos optan por los brackets cerámicos. Lo que hacen las mujeres es priorizar la estética y los hombres optan por la eficacia.
Más allá de la estética, conoce los beneficios a nivel funcional
En la sociedad solemos quedarnos con la superficie, pero los brackets lo que hacen es corregir lo que los invisibles no logran siempre. Hablamos de rotaciones importantes, mordidas cruzadas, etc. De esta forma se previenen desgastes en los dientes, problemas periodontales, cefaleas por malas oclusiones o hasta digestiones deficientes. En el caso de los niños, es la norma, puesto que es mejor invertir ahora que tener que operar luego.
Los adultos valoran mucho la durabilidad, puesto que no se quitan ni en la comodidad ni en los viajes. Hay muchos testimonios sobre estos temas, puesto que mucha gente opta por los brackets al trabajar en hostelería, ya que las férulas pueden perderse. Contar con una higiene estricta es importante, pero se recompensa con tener una sonrisa estable para toda la vida.
Precio y accesibilidad: ¿lujo o inversión?
Los metálicos podemos decir que son los más democráticos. La seguridad social lo que hace es cubrir a los niños; los privados, financiación de 2 a 5 años. Los que son estéticos pueden costar del orden de 1000 a 2000 euros, los linguales son premium. Las clínicas low cost van a competir, pero aquí la calidad varía y los brackets que vienen de China fallan bastante más.
A nivel social, los metálicos evocan una clase media más práctica; los invisibles son para los que están más preocupados por la imagen. La clase alta opta por los linguales. Todo ello lo que hace es reflejar prioridades, no solamente los bolsillos. En nuestro país, tanto los planes de pago como los seguros a nivel dental hacen lo mismo: democratizar el acceso.
Conociendo las innovaciones principales
Los brackets híbridos consiguen combinar metal con invisibilidad durante fases. Los materiales bioactivos liberan flúor antiplaca. Ahora también entra en juego una IA que predice tratamientos con un 20% más de rapidez, donde la realidad aumentada permite simular una sonrisa final. La sociedad lo que hace es abrazar la ciencia más accesible.
Críticas sociales
Existen muchas personas que están obsesionadas por la perfección que impulsa Instagram. Hay defensores de la salud bucal para los que es sinónimo de bienestar general. El equilibrio, podemos decir, se encuentra en la ortodoncia funcional, no solamente en la cosmética. Después del Covid la sonrisa es una carta profesional y social.
Mantenimiento y vida con brackets
Se debe decir adiós a los caramelos y saludar a las frutas cortadas. La higiene deberá ser de 10 minutos extra a diario. A nivel de emergencia, los brackets sueltos se van a recetar en 24 horas. La vida social al principio da inseguridad, después es motivo de orgullo.
Género, cultura y evolución perceptual
Si para las mujeres es la estética lo primero, los hombres buscan eficacia. En España hay menos problemas a la hora de usar los brackets metálicos que en los países nórdicos, por ejemplo. Algo importante es la globalización y K-pop. Donde los ídolos usan brackets, son de gran ayuda a la hora de diluir tabúes.
En un futuro, los brackets estarán más personalizados y serán sostenibles
Veremos más materiales reciclables, brackets magnéticos sin cables, así como apps con gamificación para niños. La sociedad buscará la ortodoncia como wellness integral.
Conclusiones
Para acabar, debes tener claro que los brackets no son feos, son eficaces, accesibles y transformadores. Lo mejor es que consultes con tu ortodoncista de confianza.