Consecuencias negativas de un implante dental

Hacerse un implante dental es algo muy frecuente. Por lo general, la tasa de éxito de este tratamiento odontológico es elevada y no suelen contemplarse las posibles consecuencias negativas o si se producen molestias anómalas que indican que el tratamiento no funciona como es debido. El propio dentista es quien se ocupa de advertir a sus pacientes sobre los posibles problemas que puedan derivar del implante, aunque en este artículo vamos a hablar sobre ellos para que a nadie le pillen por sorpresa.

Mencionar las complicaciones que pueden surgir a consecuencia de un implante dental no quiere decir, ni mucho menos, que no se puedan evitar o tratar en un momento dado. Al contrario, prácticamente todo tiene solución. Los implantes dentales son una forma de lo más eficaz a la hora de sustituir las piezas dentales perdidas de forma permanente. Aunque pueden producirse casos en los que el implante no se integre en el hueso de forma correcta o sea rechazado por el organismo. Conocer aquellos aspectos y los factores que pueden hacer que el implante fracase o sea rechazado permite a los pacientes comprender los posibles riesgos, prepararse para recibir el tratamiento y tomar las medidas necesarias para que el implante se lleve a cabo con éxito.

Un implante dental puede sufrir complicaciones cuando se coloca y a largo plazo, como veremos a continuación. Se trata de complicaciones que se producen de forma puntual, por lo que saber las dificultades y problemas que se pueden producir permite acudir al profesional adecuado antes de que los síntomas empeoren y la complicación se convierta en un problema de mayor envergadura.

Llevar a cabo un correcto mantenimiento del implante y seguir las pautas proporcionadas por el dentista son parte esencial del éxito del tratamiento. Aunque, como decimos, en determinados casos pueden producirse efectos adversos.

Un implante rechazado

Hemos acudido a Ortodoncia Gran Vía 51, una clínica dental cuyo equipo tiene una gran experiencia en implantología, para que nos explique qué es un implante. Cuando falta un diente, es muy frecuente recurrir a la implantología para sustituirlo. Los implantes dentales consisten en unas varillas metálicas o de titanio con aspecto de tornillo que se insertan mediante una cirugía en el hueso mandibular, justamente debajo del tejido gingival. Con el paso del tiempo, estas piezas metálicas se expanden convirtiéndose en un sustituto resistente del diente perdido. En la mayoría de los casos no existe otra opción de tratamiento con la que se logre salvar la distancia entre dientes y huesos.

En la actualidad existen diversos tipos de implantes dentales. El más habitual es el de tornillo, suficientemente pequeño para poder ser implantado debajo de la dermis, lo que quiere decir que se tiene una menor probabilidad de rechazo por parte del organismo de la que se tiene con otro tipo de implantes.

Algunas de las causas principales que se producen y pueden generar el rechazo del implante pueden ser el fallo del implante, una infección tras la cirugía o la falta de osteointegración, entre otras, como veremos a continuación.

En algunos casos, los implantes dentales pueden fallar y deberse a varios factores. Una mala colocación del implante en la mandíbula es la causa más común de fracaso. Esto se produce cuando el implante no se ha colocado de forma correcta en su angulación con la mandíbula o se ha situado en la misma demasiado bajo.

El rechazo del implante se puede producir cuando se coloca de forma incorrecta. Este tipo de problemas se produce cuando se coloca demasiado alto en la mandíbula, al contrario que en el caso anterior o, igualmente, a consecuencia de un ángulo incorrecto.

Dentro de la cavidad oral existe una incontable cantidad de bacterias diferentes que, entre ellas, mantienen el equilibrio correcto dentro de la boca. Sin embargo, en algunos casos puede producirse una infección tras la cirugía, afectando a la zona en la que se ha ejecutado y contaminando el implante, lo que puede conllevar la infección de los tejidos y el hueso de la encía.

Otro de los problemas que se pueden producir es la falta de osteointegración, el proceso que permite que el implante dental se integre con el hueso que tiene alrededor y permite que se fije de forma permanente. En algunas ocasiones esta integración no se produce totalmente o de la forma adecuada, lo que puede deberse a diferentes motivos:

  • Enfermedad sistémica. Algunas enfermedades pueden evitar que la osteointegración se lleve a cabo de forma adecuada, como puede ser el caso de la diabetes no controlada, la enfermedad periodontal o personas con el sistema inmune deprimido.
  • Cuando se coloca el implante, se tiene que realizar un agujero en el hueso de la mandíbula utilizando un micromotor y unas fresas concretas. Si durante el proceso se calienta la zona demasiado, debido a una irrigación incorrecta o el implante se coloca con fuerza de fricción en la inserción, puede hacer que el implante no se integre en el hueso como es debido.
  • Pacientes fumadores. Como bien sabemos todos, fumar es muy nocivo en muchos aspectos. En el caso de los implantes, no es una excepción puesto que a consecuencia del tabaquismo el implante puede no integrarse como es debido si se mantiene el hábito durante el proceso de osteointegración. Algunos componentes del tabaco producen vasoconstricción disminuyendo el aporte de sangre necesario en cualquier fase de curación o cicatrización.
  • Implante de mala calidad. Puede darse la circunstancia de que el hueso en el que se debe integrar el implante sea de mala calidad, lo que se detecta al utilizar un implante de calidad, por lo que resulta importante asegurarse de que el implante a utilizar por el dentista es de buena calidad.
  • Sobrecarga del implante. Sobrecargar el implante con cargas masticatorias fuertes durante la fase de cicatrización puede provocar un fallo de osteointegración.

Ahora que conocemos las posibles causas de rechazo, pasamos a los factores de riesgo que pueden influir en el fracaso del implante.

Aumento del riesgo y signos de fracaso

Existen algunos factores de riesgo que lo que hacen es aumentar la posibilidad de que se produzca un fallo en el tratamiento y que el rechazo del implante se materialice. Tener en cuenta de cuáles se trata y evitarlos durante el tratamiento es la mejor manera de facilitar el proceso de osteointegración y cicatrización del implante.

Uno de ellos es la edad: a mayor edad, mayor es la posibilidad de rechazo por parte del paciente, a consecuencia de los cambios que se producen en la mandíbula. Esto no es un factor que pueda cambiarse, pero sí hay que considerarlo al elegir la mejor manera de llevar a cabo el tratamiento.

Los datos indican que el fracaso del tratamiento es mayor en hombres que en mujeres, lo que seguramente se deba a los hábitos de cada uno. Los factores genéticos pueden influir si se tienen antecedentes familiares en los que se ha producido pérdida de piezas dentales. El citado tabaquismo y la obesidad aumentan el riesgo de que se produzcan complicaciones mientras se lleva a cabo la cirugía para colocar un implante dental.

Cuando se produce el rechazo de un implante dental y, en consecuencia, el fracaso del tratamiento, los signos más evidentes son los que siguen a continuación:

  • Dificultad para masticar, es uno de los signos más comunes y evidentes, se mastica más de lo habitual y se experimenta un dolor excesivo.
  • Dolor mandibular que puede producirse meses después de la cirugía, pudiendo tratarse de un signo evidente de rechazo.
  • Hinchazón de la mandíbula.
  • Decoloración de los dientes, como señal de que la integración del implante no se ha producido como es debido.
  • Infección, llegando a dañar los dientes y encías cercanos.

Cuando se experimenta un problema con el implante dental, sea de la índole que sea, lo primero que se debe hacer es acudir al dentista que ha llevado a cabo el tratamiento. El profesional cualificado es el único que puede realizar un diagnóstico adecuado y señalar la causa real del problema. En función de las cuales puede realizar las pruebas diagnósticas convenientes o proponer el tratamiento adicional correspondiente.

Por lo que, ante la aparición de cualquier síntoma o signo de rechazo, la visita al dentista es inevitable y debe hacerse de forma inminente. En estos casos se pueden recetar analgésicos para evitar el dolor o proponer el tratamiento necesario que, en el peor de los casos, puede implicar la extracción del implante para evitar que se produzcan daños mayores.

Por lo general, los implantes dentales son uno de los tratamientos con mayor tasa de éxito y con una durabilidad que puede alcanzar los treinta años. Aunque, como hemos visto, tiene sus riesgos y pueden producirse algunas complicaciones. Si no se colocan de forma correcta o el paciente no sigue las recomendaciones del dentista, se pueden producir infecciones o daños en el hueso maxilar. Razones más que evidentes para seguir las instrucciones postoperatorias y las indicaciones proporcionadas por el dentista, llevada a cabo la cirugía. Con toda la información en la mano, ya se está preparado o preparada para evitar que se produzca el rechazo o, en su caso, actuar con la mayor rapidez.

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