Sentirse bien emocional y psicológicamente es esencial. No importa el momento vital en el que nos encontremos, ni la edad en la que estemos. Tener un buen estado de salud emocional y psicológico es una prioridad, incluso por encima de la salud física. Una buena salud mental, ayuda y favorece, cuando la salud física decae. Una mala salud psicológica, puede conllevar problemas de salud física de mayor importancia o, agravar los que se padecen.
Sin embargo, es algo que se pasa por alto y se subestima en gran medida. Sobre todo, en los más pequeños. Obviamos e ignoramos que, la salud mental en la infancia, requiere una especial atención. El impacto psicológico, en la vida presente y futura de los más pequeños, debe estar presente en todo momento. En la infancia, se crean los cimientos de la salud mental, influenciados de forma directa, por la manera en la que ellos, perciben el mundo, interactúan con los demás y manejan los desafíos.
La salud mental infantil, como la de los adultos, abarca el bienestar emocional, psicológico y social de los más pequeños. En lo que se incluye la capacidad, para manejar las emociones, establecer relaciones sanas, enfrentarse a los desafíos y desarrollar un sentido positivo, sobre ellos mismos. Una buena salud mental, no quiere decir gozar de una vida maravillosa y feliz, libre de problemas, significa contar con la capacidad necesaria, para poder enfrentarse a ellos, de forma eficaz y adaptativa.
Durante los primeros años de vida, el cerebro, se encuentra en su periodo crítico de desarrollo. Todas las experiencias que se tienen y, las relaciones que se experimentan durante esos años, moldean la arquitectura del cerebro, estableciendo patrones de comportamiento que pueden permanecer en la edad adulta. Contar con un entorno de apoyo y seguro durante esa etapa de la vida, resulta esencial para el bienestar emocional y psicológico del niño, en su presente y en su futuro.
El cuidado de la salud mental en la infancia
Las experiencias tempranas, positivas y negativas, tienen un impacto en el estado mental. Por un lado, el afecto, la atención y el estímulo que proporcionan los cuidadores, son cruciales; por otro, el estrés, la negligencia o el trauma, puede conllevar efectos adversos en la salud mental de los pequeños.
En Madma Centro de Psicología, especializados en psicología clínica para adultos y adolescentes, nos explican que, un estado de bienestar emocional y psicológico sólido, permite a los niños y niñas, enfrentarse a los desafíos con resiliencia, al mismo tiempo que, sienta las bases necesarias para establecer relaciones saludables y, tener un crecimiento personal adecuado.
Una buena salud mental, fortalece la autoestima y la confianza en ellos mismos. Cuando se sienten seguros y valorados, exploran, asumen desafíos y desarrollan una identidad fuerte, sólida y positiva. Cuidar de la salud mental de los más pequeños, implica contar con un enfoque integral, en el que se integren el entorno familiar, el escolar y el social. Implementar acciones como las que vamos a citar a continuación, puede resultar bastante positivo:
- Fomentar un entorno seguro y de apoyo dentro del entorno familiar, proporcionando un hogar en el que se sientan seguros, queridos y valorados, con una comunicación abierta y afecto entre los miembros de la familia.
- Establecer rutinas predecibles y límites claros en el hogar, proporcionándoles una estructura y seguridad que, les permita sentirse tranquilos y seguros.
- Promover la autoexpresión, dejando que los pequeños, expresen sus emociones abiertamente, sin ser juzgados. Escuchar de forma activa y validar sus sentimientos y emociones.
- La educación emocional en las escuelas, abogando por los programas que enseñen habilidades para reconocer, comprender y manejar sus emociones, de forma saludable. Contando también con servicios de apoyo como consejeros escolares o psicólogos.
- Promover la inclusión y la diversidad en la comunidad, celebrando las diferencias y, eliminando el estigma que se asocia a la salud mental. La colaboración entre la escuela y las familias, es primordial a la hora de compartir información y proporcionar la integración completa a los más pequeños.
De todo esto, deriva la importancia que tiene la salud mental infantil y, en consecuencia, tomar las medidas necesarias para su promoción y la protección de la misma. Esto incluye, proporcionar un entorno seguro y de apoyo, en el hogar y el colegio, fomentando la expresión emocional y las habilidades socioafectivas. Con estas pautas, se mejora la calidad de vida de los niños ahora, preparándolos para que se enfrenten a los desafíos del futuro.
No obstante, hay que tener presente que no siempre se tienen en cuenta estos aspectos. De hecho, ni siquiera se tiene muy presente la importancia que tiene la salud mental en los pequeños. Por lo que es bastante frecuente, encontrar problemas psicológicos en niños y que sea necesario que reciban ayuda profesional.
Trastornos mentales más habituales en la infancia
Como venimos diciendo, la salud mental en la infancia, es crucial para el desarrollo de los niños y adolescentes. A lo largo de esta etapa de la vida, se establecen las bases necesarias para gozar de bienestar emocional, social y cognitivo y que este, perdure a lo largo de toda la vida. Comprender y abordar la salud mental en los más pequeños, mejora su calidad de vida en el momento presente y, previene problemas psicológicos a largo plazo.
Los trastornos metales que se presentan en la infancia, pueden manifestarse de diversas formas, afectando muy significativamente a su vida diaria y a su desarrollo. Algunos de los más comunes y conocidos, son los que citamos a continuación:
- TDAH o trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Caracterizado por una combinación de inatención, hiperactividad e impulsividad. Los niños o niñas que padecen este trastorno, pueden tener dificultades para concentrarse, seguir las instrucciones y controlar su comportamiento.
- Trastornos de ansiedad. Dentro de los que se incluyen: el trastorno de ansiedad generalizada, ansiedad por separación y fobias específicas. Este tipo de trastornos, se manifiestan con una preocupación excesiva, miedos intensos y evitación de situaciones temidas.
- Trastorno del espectro autista o TEA, un trastorno del desarrollo neurológico que afecta a la comunicación, la interacción social y el comportamiento. Los niños que padecen TEA pueden mostrar un interés restringido y un comportamiento repetitivo.
- Depresión infantil. La depresión en la infancia es posible y se manifiesta con síntomas como la tristeza persistente, irritabilidad, pérdida de interés en las actividades habituales y cambios en el apetito y el sueño.
- Trastornos del comportamiento, dentro de los cuales, encontramos el trastorno negativista desafiante (TND) y el trastorno de conducta (TC), caracterizados por mostrar un comportamiento disruptivo, desafiante y, en el caso del TC, además, agresivo.
Detectar este tipo de problemas de forma temprana, es lo mejor que le puede pasar al pequeño. Resulta crucial que se detecte a tiempo, para poder realizar una intervención efectiva y, evitar que los síntomas empeoren, agravando la situación. Existen una serie de indicadores que se pueden tener en cuenta y detectar que existe algún problema en el pequeño:
- Observar el comportamiento y las emociones. Si se observan cambios drásticos en el comportamiento, como irritabilidad, agresividad, aislamiento o hiperactividad. Así como tristeza persistente, ansiedad excesiva, miedo irracional y llanto frecuente.
- Rendimiento académico. Si se producen dificultades en la escuela, problemas de concentración y bajo rendimiento escolar, puede ser indicativo de que algo pasa.
- Relaciones sociales. Evaluar la calidad de las relaciones del niño con otros niños y adultos. Si existen problemas a la hora de hacer amigos, conflictos constantes y aislamiento social, se considera una señal de alerta.
- Comunicación con profesionales. Consultar con los maestros y orientadores, ya que pueden proporcionar información relevante sobre el comportamiento del niño, dentro del entorno escolar. Hacer una evaluación psicológica, de la mano de un psicólogo infantil, siempre que se produzca la sospecha de un trastorno. Estas evaluaciones, pueden incluir entrevistas, cuestionarios y observación.
En consecuencia, de todo lo explicado, promover la salud mental en la infancia, implica la adopción de un enfoque integral, en el hogar, la escuela y la comunidad. Con objeto de fomentar el bienestar psicológico de los más pequeños, se debe fomentar un entorno seguro y cálido, con relaciones de afecto y apoyo, entre los miembros de la familia. La comunicación abierta y el afecto, son fundamentales, junto a la estabilidad, para que el niño se sienta seguro y valorado.
Desarrollar habilidades de afrontamiento, con técnicas de relajación, como la respiración profunda y la meditación, ayuda a manejar el estrés y la ansiedad. Ayudar a los niños a que resuelvan sus problemas desarrollando habilidades adecuadas y tomando decisiones, es fundamental para su desarrollo personal. Así mismo, promover hábitos de vida saludables como hacer ejercicio físico de forma regular, una nutrición adecuada y que duerma lo suficiente, ayuda a mantener una buena salud emocional. Además de proporcionar una buena educación sobre esta cuestión y, contar con el necesario acceso al apoyo profesional, en caso de que se produzca algún problema.
Procurar a los más pequeños, una buena salud mental, es uno de los pilares más básicos y esenciales, para el desarrollo integral del niño. Una detección temprana, en caso de que se produzca un trastorno, es tan importante como ofrecer el apoyo necesario para prevenir su aparición,