La salud dental en la infancia es un asunto primordial.

Salud dental en niños

Cuidar la salud dental es importante en cualquier etapa de nuestra vida. Pero digamos que en la infancia adquiere un valor añadido. Las visitas al odontopediatra velarán porque la formación de la dentadura del niño y su cambio por la dentadura definitiva se efectúe sin problemas, al tiempo que sientan la visita al dentista como un hecho normal.

Nunca olvidaré la expresión de la cara de mi hija cuando la llevé al dentista a la edad de 3 años. Ya tuvo una visita unos años antes, pero apenas era un bebé y no era consciente de ello. Acudió a la clínica dental seria, responsable. Como lo hace un adulto cuando va a una entrevista de trabajo. De un trabajo que considera importante. No podía ocultar que en el fondo sentía algo de miedo. A los niños, como a algunos adultos, nos imponen las batas blancas.

Su expresión cambió radicalmente cuando salió de la clínica. Mientras le hacía un reconocimiento, mi hija le contó a la odontopediatra que se cepillaba los dientes todas las noches antes de ir a dormir. La profesional le dijo que lo hacía muy bien y le regaló una chapa, en forma de insignia, que la niña lució con orgullo. Regresó a casa con una sonrisa de felicidad.

Una reacción parecida he visto en otros niños de la misma edad cuando acuden al dentista. También es cierto que a muchos pequeños este acontecimiento les provoca un miedo que no pueden ocultar. En ocasiones, incluso pánico. Ese miedo es, en cierto modo, una proyección de los temores de los padres. Asocian el dentista con el dolor. Cuando es todo lo contrario. Es un lugar seguro que ayuda a que los niños crezcan sanos y fuertes, principalmente en lo que se refiere a la salud bucal, pero indirectamente también respecto a su salud general.

Las visitas obligadas al dentista en la infancia.

Hay dos visitas al dentista que son ineludibles. La primera es cuando están saliendo los dientes de leche. Esta visita debe efectuarse como muy tarde, cuando el niño ha cumplido el primer año de vida. En el reconocimiento que realiza el odontopediatra valora, entre otras cosas, si la encía del bebé es lo suficientemente extensa como para albergar la dentadura de leche y si tiene una oclusión correcta. Hay hábitos como chuparse el dedo o abusar del chupete que pueden provocar un estrechamiento del paladar. Problema que se corrige con aparatos de ortodoncia infantil como el extensor paladino.

La siguiente visita obligatoria es a los 3 años. Con esa edad ya ha emergido toda la dentadura provisional. En este reconocimiento, el profesional evalúa que los dientes han salido fuertes y sanos y que no han aparecido problemas de apiñamiento dental o cualquier otra anomalía referida a la oclusión. Ciertos daños o deficiencias en la dentadura de leche pueden provocar problemas mayores en la irrupción de la dentadura definitiva.

Desde luego, la atención dental en la infancia no puede quedarse ahí. La revista de divulgación médica Top Doctors opina que a partir de los 5 años, el niño debería acudir a la clínica dental cada 6 meses.

La asistencia en salud dental en la infancia es, en lo principal, preventiva, más que reparadora. Esto quiere decir que el odontopediatra realiza un seguimiento de la evolución de la dentadura del niño, adelantándose a los problemas. Muchas de las enfermedades dentales que se sufren en la edad adulta se pueden prevenir con una correcta asistencia dental en la infancia y en la adolescencia.

Las enfermedades dentales más habituales en los niños. 

Aunque como hemos visto, la atención dental pediátrica tiene un enfoque preventivo y el niño está en desarrollo, eso no quiere decir que no aparezcan enfermedades y que no haya que tratarlas. Los odontopediatras de Clínica Dental La Chicuela, también especializados en prótesis dentales en Cáceres y con más de 30 años de experiencia tratando a niños y adultos, indican que el 31% de los menores de 6 años suelen padecer algún proceso infeccioso en una o varias piezas dentales. Estas son algunas de las enfermedades dentales más habituales en niños:

La caries infantil.

Se estima que entre los 5 y los 12 años, un 40% de la población padece caries a un nivel u otro. Cerca de un 80% de las caries infantiles no se tratan de manera adecuada. Los padres no le prestan atención y no llevan al niño a la clínica o la hacen cuando la caries está bastante avanzada.

La principal causa de la aparición de caries en niños se debe a no efectuar una higiene dental adecuada. A no acostumbrar a nuestros hijos a que se cepillen los dientes dos veces al día. Mejor si es después de las comidas. Sin duda, el hecho de que muchos niños coman en el comedor escolar influye en que no se pueda asentar este hábito.

La dieta también es un factor decisivo en la aparición de la enfermedad. Un consumo excesivo de azúcares alimenta la placa bacteriana de tal manera que aumenta su concentración de manera exponencial y su virulencia. No solo debemos estar atentos a que nuestros hijos no abusen de los caramelos y los chuches, sino que un consumo habitual de bebidas carbonatadas, de zumos industriales elaborados a base de zumos concentrados y de snaks ultra-procesados puede aumentar la cantidad de azúcar en la boca y que sea persistente.

Otro condicionante que no debemos despreciar es el factor genético. Por ejemplo, los dientes con unos surcos demasiado profundos hacen que sea más fácil que se acumule la placa bacteriana en lugares a los que el niño no accede a través del cepillado. La genética también influye en que el esmalte de los dientes sea más débil y, por tanto, que sea más vulnerable a la acción bacteriana.

Por otro lado, la falta de flúor puede contribuir a la aparición de la caries en los niños. Ya que produce una desmineralización del esmalte que va debilitándolo progresivamente. Esta deficiencia en flúor puede aparecer por el consumo de determinadas aguas potables, principalmente del grifo, que tienen poca mineralización, o por el uso de cremas dentales inadecuadas.

En todo momento, el odontopediatra intentará salvar el diente con caries, aunque la pieza dental sea provisional; es decir, un diente de leche. Para ello efectuará una endodoncia y/o una pulpotomía (si la caries ha llegado a la pulpa del diente) y tomará las medidas oportunas para que la caries no se extienda por el resto de la dentadura.

Traumatismos y fisuras.     

Es normal que muchos niños sufran pequeñas fracturas y fisuras en los dientes. Muchas veces se producen jugando cuando han recibido un impacto en la boca.

Si a un niño se le rompe un diente, los padres no podemos desatenderlo pensando que como es un diente de leche ya se sustituirá por el diente definitivo. Estas roturas pueden ocasionar hipersensibilidad dental o favorecer que una caries avance más rápido de lo normal. No es una cuestión meramente estética. Tiene repercusiones en la salud dental.

En ocasiones, los golpes en los dientes no producen fracturas evidentes, pero sí fisuras, que no son perceptibles a simple vista y que pueden favorecer un proceso infeccioso en el diente.

Si después de recibir un golpe en la boca, vemos que el niño se queja, aunque no se mueva la pieza dental o experimenta un dolor agudo al tomar un alimento caliente o frío (hipersensibilidad) es conveniente que acudamos al dentista lo antes posible. La clínica tiene instrumentos de diagnóstico por imagen suficientes (radiografías, tomografías computerizadas, etc.) para detectar el alcance del daño.

En estos casos, después de sanearlo, el odontopediatra recompondrá el diente roto o sellará la fisura con composite para recuperar la apariencia y operatividad del diente y evitar daños mayores a medio plazo.

Dientes negros.

Si bien, no son tan frecuentes como las dos enfermedades que hemos mencionado antes, se trata de una dolencia que aparece en niños.

Los dientes negros consisten en puntos negros o marrones que se aprecian en alguna pieza dental y que no desaparecen con el cepillado. Son persistentes. Pueden surgir por diferentes causas. Una caries que va taladrando el esmalte dental, un traumatismo en el diente, una descalcificación provocada por el consumo de ciertos medicamentos, etc.

En los dientes negros provocados por un traumatismo, en ocasiones, ni tan siquiera se ha producido una fisura. Puede ser que el diente afectado no se mueva. El golpe lo que ha generado es un derrame de los vasos capilares que discurren por el interior de la pulpa haciendo que una parte de la sangre se extienda por la dentina, zona interior del diente.

Otra de las causas es un efecto secundario de determinados medicamentos que se recetan para combatir ciertas infecciones bacterianas. En concreto, para tratar la neumonía, infecciones en la piel, infecciones en el trato urinario, etc. Si a nuestro hijo se le ennegrecen los dientes y está tomando uno de estos medicamentos es preciso informar al odontopediatra.

Para tratar los dientes negros es necesario formular un diagnóstico adecuado y determinar con precisión la causa. Esto llevará al sanitario a aplicar un tratamiento u otro. Desde un blanqueamiento dental interno, una endodoncia o la colocación de carillas dentales.

La labor didáctica del odontopediatra.

Una función que realiza el odontopediatra y que no es para nada desdeñable, es que actúa como orientador y educador, tanto para el niño como para los padres, para que lleven una salud dental activa.

El odontopediatra crea y dirige un equipo formado por la clínica, los padres y el niño que vela por un desarrollo correcto de los órganos bucales. El trabajo colaborativo lo vemos en muchos ámbitos de la vida del niño. En el terreno académico, el colegio intenta mantener una relación continua con los padres. Si el niño acude algún tipo de terapia, como puede ser un logopeda, la colaboración entre el terapeuta, el colegio y la familia es fundamental para el desarrollo físico y psicológico. Aquí, en este caso, nos circunscribimos a la salud dental.

El especialista recaba toda la información posible en las visitas que el niño hace a la clínica, y refleja el seguimiento en el historial del paciente. Entre visita y visita, discurren varios meses o años. Tiempo en el que el niño y los padres deben seguir las orientaciones y pautas que le haya recomendado el odontpediatra. A fin de evitar posibles dolencias futuras.

Estas orientaciones están ligadas a la situación concreta del niño, y pueden ir desde pautas de higiene dental, como puede ser el uso de una pasta dentífrica con un suplemento de flúor, hasta, por supuesto, recomendaciones en la alimentación.

Seguir una dieta variada y equilibrada, con un bajo consumo de azucares e hidratos de carbono, es crucial para que se desarrolle una dentadura sana y fuerte. De manera indirecta, como ya hemos mencionado en algún párrafo del artículo, esta alimentación tendrá una repercusión positiva en la salud general del niño.

Una especialidad diferente.    

Como señala la web de la Universidad Complutense de Madrid, la asistencia dental a los niños es una especialidad en sí misma, como lo es la ortodoncia o la implantología y solo la pueden practicar los titulados que se han formado para ello. Es decir, a nuestros hijos no los trata un odontólogo general.

La razón de ello es que el niño tiene unas particularidades anatómicas que lo diferencian del adulto. Es un cuerpo en formación y continuo crecimiento, donde al mismo tiempo que se está desarrollando la mandíbula, y otros órganos de la boca, genera una dentadura provisional, que luego sustituye por la dentadura definitiva.

Como ya hemos dicho, el enfoque de esta disciplina es preventivo. El especialista, al mismo tiempo que resuelve los problemas dentales que le van apareciendo al niño, tiene la mirada puesta en el futuro. En anticiparse a las enfermedades y dolencias que puedan condicionar la dentadura adulta.

Ejercer la odontopediatría requiere desarrollar una serie de habilidades que no se dan en otras ramas de la odontología. Debe conectar con los pequeños y ser empático con ellos, a fin de ganarse su confianza. Debe ser paciente. En ocasiones, tratar con niños no es fácil. Y debe tener buenas dotes comunicativas. Ya no solo con los niños, también con los padres. Para conseguir que comprendan y sigan sus instrucciones.

Si a un profesional de la salud dental no le gustan los niños ni tiene habilidades sociales de comunicación, es mejor que no se dedique a esta especialidad.

La salud dental de nuestros hijos es tan importante que no se puede dejar en manos de cualquiera.

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